Neofobia


La neofobia es el miedo o rechazo a probar alimentos nuevos. Es una característica típica entre los 2, 3 años y suele remitir a los

5 años. Es un comportamiento instintivo, un mecanismo de defensa que desarrollaron nuestros antepasados para protegerse de posibles alimentos venenosos o toxinas. Es por esto que los niños tiendan a rechazar de manera natural alimentos con los que no han tenido experiencia previa. El problema surge cuando no se vive el momento naturalmente y se genera una aversión tal, que perdura incluso hasta la adultez, llevando a una mala nutrición, con varias deficiencias.

A nosotros como papás nos genera mucha frustración que nuestro niño/a no quiera probar alimentos nuevos, los estimulamos y controlamos al hartazgo, hasta que cedemos a nuestra frustración y no hacemos más nada. Padres obsesionados durante esta etapa, y rendidos cuando el niño crece. Niños ansiosos y angustiados a la hora de comer.

¿Qué hacemos entonces?

Se debe probar y repetir de 10 a 12 veces para que acepten el sabor. y el comienzo de la alimentación complementaria es ideal para esto.

Evitar ponerse nervioso, gritarles, castigarlos o chantajearlos. “si te comes las verduras, te compro un alfajor” les dan a las primeras un valor negativo. El mejor ejemplo, como ya lo he nombrado, de eso es el de Mafalda, a quien siempre para permitirle hacer las cosas que a ella le gustaban debía tomar la sopa, plato que, al fin y al cabo, odiaba. Alimentar a los niños no es cuestión de premios o castigos, es una decisión que debe estar guiada por la paciencia, la dedicación y por el conocer lo importante que es una alimentación sana desde temprana edad.

Ser el modelo, que los papás comamos de todo, de forma natural, sin decir nada. Como “que delicia es este brócoli, nunca comí algo tan rico… los niños son chicos, pero se dan cuenta.

Crear un ambiente ameno a la hora de las comidas, sin pantallas, aprovechando el momento de encuentro para compartir una charla familiar.

Seamos creativos a la hora de cocinar y pidámosles ayuda a nuestros hijos, a la hora de comprar y a la hora de preparar. Las primeras veces quizás no lo prueben, pero con el tiempo se animarán.

Y recordar… Alimentar a los niños no es cuestión de premios o castigos, es un acto que debe estar guiado por la paciencia, la dedicación y por el conocer lo importante que es una alimentación sana desde temprana edad.