Botulismo


botulismo

El gran desafío que tenemos los papás a la hora de brindarles los alimentos a nuestros hijos y al resto de la familia, es

que estos sean seguros, con lo cual las practicas culinarias basadas en la higiene, son fundamentales. Un alimento puede tener buen olor, textura, gusto y también puede estar contaminado, por la tanto la prevención es importante para evitar enfermedades transmitidas por alimentos.


En este caso quiero comentarles brevemente sobre el botulismo, ya que a partir de esta enfermedad surge la recomendación de que los niños menores de 2 años no consuman miel.


El clostridium botulinum es un microorganismo muy común en la naturaleza y muy resistente a diferentes climas, suele estar en la vegetación, en los ríos, en el intestino de pescados y animales terrestres. Se desarrolla en ambientes sin oxigeno y produce una neurotoxina que es una de las potentes conocidas, causando síntomas muy severos que pueden ocasionar la muerte.


A partir de las esporas, se producen las bacterias que a su vez generan toxinas. Las bacterias no se producen a temperaturas menores a 4 grados y PH por debajo de 4,5 y se destruyen a temperatura de 80 grados. El problema son las esporas que necesitan mínimo 100 grados durante 2 horas para ser inocuas, proceso que no puede lograrse en la cocina de casa, de esto surge el riesgo de las conservas y embutidos caseros o artesanales. Los productos industriales correctamente controlados se encuentran libres de peligros ya que utilizan cocciones a mayores temperaturas.


En los niños menores de un año, las toxinas pueden producirse en el intestino luego de la ingesta de esporas, por ejemplo, dentro de la miel o de alguna conserva casera, de ahí surge su prohibición.


Con respecto a las latas para el consumo, siempre hablando de productos conocidos con su debido control, no deberían ser consumidos por niños pequeños, sobre todo en menores de 2 años por el mismo motivo que la miel.


El corte a los 2 años incluso está un poco por encima de lo que consideran seguro ya que algunas bibliografías sugieren que se puede consumir al año.

Hablando de conservas y aunque no siempre se producen estas características ante la presencia de la toxina, descartar todo alimento que se considere sospechoso, teniendo en cuenta las siguientes modificaciones que indican alteración:


· Cambios en el color y/o la consistencia del producto.

· Olor desagradable o no característico.

· Turbiedad no habitual del líquido en ese tipo de producto.

· Sabor anormal.

· Tapa hinchada (en estos casos descartar sin remover la tapa).

· Expulsión de gas al abrir los recipientes.


En cuanto al resto de la familia (obviando los niños, que no deberían comerla), si se consume una conserva que no nos deja tranquilos, pueden poner a hervir la misma con el recipiente cerrado por 30 minutos, esto nos asegura que se destruya la toxina.


Para recordar, en los niños pequeños:


Lavar y cocinar adecuadamente todas las verduras que suministre a su bebé

Mantener las manos de sus niños adecuadamente higienizadas

No utilizar miel ni productos que la contengan, no mojar el chupete en miel.

Controlar que los niños no se lleven a la boca alimentos que hayan estado en contacto con la tierra.


Valeria Zlotnitzky

Medica especialista en Medicina General y familiar. Especialista en nutrición


Fuente:

-Alimentos seguros, Silvina Medin y otros. 2012, Ediciones Turisticas

-Guía de prevención, diagnóstico, tratamiento y vigilancia epidemiológica del botulismo alimentario, 2016. www.msal.gob.ar

-www.anmat.gov.ar